
Hoy me he llevado una lección de esas que te ofrece la vida cuando menos te lo esperas.
Hoy ha sido uno de esos grandes días que tendremos que recordar dentro de muchos años, cuando rememoremos estos días del 2011.
Esta mañana me he dado cuenta de lo que puede llegar a hacer la esperanza y la ilusión por un cambio.
Éramos unas treinta personas. Algunas de ellas cercanas a la coalición y otras no han participado en política nunca. Pero el tesón, esfuerzo, trabajo, alegría e ilusión que han puesto durante más de cuatro horas no tiene precio.
En estos tiempos en los que la política está demonizada y la desafección es mayoritaria, pedir a la gente que participe en algo político es dificilísimo. Para los que estamos inmersos en el circo político es fácil estar horas y horas preparando cualquier cosa que creamos necesario para difundir nuestro mensaje, pero para alguien desvinculado ese esfuerzo debe salir de alguna parte. Y hoy he reafirmado el convencimiento de que a nuestro pueblo le hace falta el cambio.
Ellos y ellas han estado desde las nueve de la mañana hasta las dos de la tarde aguantando órdenes, instrucciones, consejos y hasta algún grito (de buen rollo) y se lo han pasado en grande.
Estas personas me han enseñado que la esperanza todavía vive en sus corazones y eso significa que también vive en muchos corazones más. Que la ilusión es lo que realmente mueve montañas y nosotros moveremos la más grande de todas. Y ha sido esa esperanza y esa ilusión lo que les ha hecho trabajar tanto y tan bien esta mañana. Con la que estaba cayendo (meteorológicamente hablando).
Solo puedo deciros GRACIAS. Gracias por recordarme que la fuerza de una idea es el mayor de los poderes que existen en cualquier sociedad. Y gracias por demostrarme que nuestra idea tiene fuerza, mucha fuerza. GRACIAS.
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